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San José varón prudente y justo

Al concebir Dios la idea sobre la creación de María, la que sería la Madre de Dios, no descuidó en ningún momento la idea de aquel que debía ser uno con ella . El elegido para educar, custodiar y proteger al Verbo Encarnado no podría ser un hombre común, marcado por los estigmas del pecado original. Dios creó a San José considerando ya la sublime misión que le otorgaría, pues había sido destinado a unirse inseparablemente por el matrimonio a la Virgen Inmaculada , su Pequeña María. La más humilde. La más grande. Por lo cual, la estrategia de Dios incluyó a su esposo-virgen, aquel que tendría que vivir con ella en santa y casta intimidad, de algún modo sobrenatural, obteniendo la fórmula perfecta para combatir y redimir el pecado original por medio de una gracia en proporción con su altísima misión, y por don de Dios, José se vio también libre de la concupiscencia de la carne. Es tan coherente esta inspiración del Espíritu Santo, dada a grandes teólogos y exégetas como Llánez y Salmerón, uno de los primeros jesuitas, que nos permite entender en parte el modo de ser y hacer de nuestro gran Dios.

 

 

San José varón prudente y justo
"José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer, porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados"
Mateo 1:20

Después de la Santísima Virgen María, es San José quien posee la más excelente santidad, lo cual lo llevó a ser considerado el Varón Prudente y Justo, gracias a su ministerio íntimamente unido a María Madre de Dios y, durante casi treinta años, su relación estrecha, única y paternal con Jesús, Dios hecho hombre, de quien aprendió los misterios más elevados de la fe . San José, a quien Dios a bien tuvo designarle cabeza de la Sagrada Familia, cumplió a la perfección su altísima misión, hasta ser colocado por encima de los otros santos. La Santísima Trinidad le confió a Jesús y a María, sus más preciados tesoros. Imaginemos entonces cuán grande ha de ser su intercesión ante Dios por nosotros, sus hijos ; pues no olvidemos que, además, un título de gran belleza se otorga a San José: Patriarca de la Santa Iglesia. El amor y afecto que tiene San José por todos y cada uno de nosotros, hijos de la Iglesia y hijos suyos, es inmenso, incansable y eficaz.

Cuando llegó la edad de que María contrajera matrimonio, los sacerdotes del templo de Jerusalén, donde ella vivía, buscaron varios candidatos para desposarla. Entre ellos se encontraba el joven José, descendiente directo de David, quien había ofrecido su virginidad voluntariamente al Señor . Cuando fue convocado al Templo, partió con la certeza de que la elección divina no iba a recaer sobre él. Al estar todos reunidos y con gran solemnidad, el anciano Simeón rogó a Dios que le enviara una señal para desvelar quién sería el elegido. Seguidamente, pidió a los pretendientes que se aproximaran y que apoyasen su bastón a los pies del altar de bronce. Cuando San José apoyó su bastón seco, de un extremo brotaron tres bellísimos lirios.

Se había producido la señal: el Señor lo había escogido para recibir a María como esposa . Pero… ¿y su propósito de celibato? Al encontrarse después en privado con María, todo se resolvió: ella le dijo que también quería darle a Dios su corazón indiviso, sin conocer a ningún hombre. Así , los dos se comprometieron a guardar la castidad perfecta, sin imaginar que era el comienzo para preparar la venida de Nuestro Salvador.

 

El mismo humilde San José, quien por un lado era príncipe heredero de la Casa de David y , por otro lado, un trabajador manual, un carpintero. San José, padre de Jesús y, al mismo tiempo, pequeño siervo de su Divino Hijo, a quien entregó toda su existencia con la firme determinación de cumplir la misión de sostenerlo, defenderlo y exaltarlo.

Aún cuando las Sagradas Escrituras mantienen un respetuoso silencio respecto a la infancia y la juventud del Santo Patriarca, gracias a datos obtenidos de la Tradición y de revelaciones privadas, logramos levantar al menos una minúscula parte del velo de este misterio, para enaltecer la figura del más humilde de los santos, a quien hoy en su día dirigimos nuestra oración diciendo…

 

San José varón prudente y justo… ora con nosotros.

San José varón prudente y justo … ora por nosotros.

San José varón prudente y justo … une tu oración a la nuestra.

San José varón prudente y justo … ora intercediendo por nosotros.

Amén.