Menú

40 días, un cambio de mirada. ¿Te atreves?

Aún estamos a tiempo. Dejemos de mirarnos a nosotros mismos.

Bien lo decía el Padre Rafael Rodríguez-Manzaneque en una de sus homilías como apertura de la Cuaresma.
“Cuando rezamos el Padre Nuestro, oramos según nuestra voluntad. Santificamos nuestro nombre, porque nuestro amor propio está por encima de Dios. Hágase mi voluntad, no sé en los cielos pero en la tierra, te diré mi parecer…. Dadme hoy ese pan que necesito de avaricia, de consumismo, de apariencia, de comodidad. Perdona a los que me ofenden porque yo no puedo, me han hecho mucho daño y no sé si te has dado cuenta de cuán soberbios son. Pobres, siempre caen en el pecado. Líbranos del mal, lo merecemos…”

Estamos a tiempo de examinarnos y cambiar nuestra mirada; ¿qué te parece si por estos días dejas de verte a ti mismo y tu entorno de sufrimiento y observas a ese JESÚS en el huerto de los olivos quien sudó sangre por ti y por toda la humanidad? El Jesús que dio su vida por ver tu realidad y la de tu familia.
Centrémonos en ese Jesús que fue flagelado sin razón, abandonado, y juzgado sin más. Mientras a ti y a mí nos sale el juicio por nuestros hermanos con tanta facilidad…

La Cuaresma, además de prepararnos para la gran Pascua de Resurrección, nos prepara para contemplar y para recibir. San Juan de la Cruz lo decía… “La contemplación es recibir; Dios tiene mucho para dar y ya lo tenemos todo; amar sin mirarnos a nosotros mismos”. Y ya no solo dejar de mirarnos a nosotros mismos sino ser capaces de ver a Dios en el otro, pero para verlo, hemos de pedir el Espíritu Santo quien nos dirige y nos guía para hacerlo.

El cambio de mirada es dejar de mirarte a ti mismo y mirarlo a Él.
¿Te atreves?
¿Quieres dejar de centrarte en tu dolor, tu sufrimiento, tu cruz y mirar el dolor de Cristo? ¿Su sufrimiento y su cruz?
La Iglesia nos ofrece tres armas para ayudarnos a transitar este camino como preparación a la Santa Pascua.
Empecemos y ofrezcamos siempre desde la libertad que Dios nos da…

 

40 días, un cambio de mirada. ¿Te atreves?

LIMOSNA para vencer el deseo de tener, de consumismo, de bienestar y comodidad.

AYUNO para vencer el deseo de poseer y delegar el poder a Dios, dueño de todo y de todos, y acatar su Divina Voluntad.

ORACIÓN para vencer el deseo de placer. Damos libertad ante nuestros hábitos, vicios y nos falta templanza ante los placeres.
El placer es un regalo de Dios, mas si lo usamos de forma egoísta se convierte en apego; la oración nos permite canalizarlo en Dios; deleitémonos en Dios con la oración silenciosa y contemplativa.

Acompañemos a Cristo en su Pasión: solo, despojado, adolorido, abandonado. Si estás triste, imagina Su tristeza, la de nuestro REY solo y necesitado, hecho pedazos, escupido, en medio de la soledad, despojado de todo y de todos.

¿Es tan grande tu tristeza?
¿Es tan grande tu dolor?
¿Tu soledad, tu abandono se asemeja a la de Cristo?
Jesús, tu amado Jesús, ha asumido todos tus pecados, Él ha pagado. Eres libre. Mientras Él se ha hecho esclavo, libremente, por amor.

 

Si quieres, también, libremente, sigamos acompañando a Jesús crucificado en esta Cuaresma y vivamos un poco de su Pasión con estas tres armas espirituales que nos entrega la Iglesia para que hagamos uso de ellas desde la fe y el amor: limosna, ayuno y oración.

¡¡¡Atrévete!!!
No es una nueva cuaresma. Es una Cuaresma nueva.

Ofrécela en reparación de tus pecados y los de…

Tu familia
Tus abuelos
Tus ancestros
Tus amigos
Tus enemigos
Almas del purgatorio
Y por el mundo entero

Dios no se queda con nada. Todas tus oraciones serán escuchadas.