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25 años de sacerdocio: una vida entregada al servicio de Dios y de su pueblo.

Hoy, 22 de septiembre nuestra comunidad de la Santísima Trinidad vive un día muy especial: celebramos con inmensa alegría las Bodas de Plata sacerdotales de nuestro querido párroco, don Rafael Rodríguez Manzaneque.

Veinticinco años de sacerdocio son veinticinco años de entrega, de oración, de servicio y de fidelidad a una llamada. Son miles de momentos compartidos, rostros acompañados, palabras pronunciadas, manos tendidas, lágrimas acogidas y alegrías celebradas. Y, para nosotros, doce de esos veinticinco años tienen un significado muy especial: doce años en los que hemos tenido la gracia y la bendición de contar con don Rafael como nuestro pastor.

La Eucaristía se celebró ayer día de San Mateo, con la participación de  todos los grupos, apostolados y comunidades de la Santísima Trinidad, unidos en comunidad  alrededor de la mesa del Señor para dar gracias por su vida y por estos 25 años de ministerio sacerdotal. La Eucaristía se convirtió así en el corazón de una jornada llena de emoción, gratitud y cariño.

Una asamblea colmada y profundamente conmovida vivió esta celebración, presidida por don Rafael y concelebrada por los presbíteros de la Trinidad, don Vicente Julián Pascual Santamaría y don José Sánchez López, junto a dos hermanos sacerdotes, don Jesús Andrés Chávez Sáenz, párroco de la parroquia de La Asunción de Nuestra Señora de Benassal y don Alexander Alzate Rondón, párroco de la parroquia de San Francisco.

La celebración ha sido un verdadero abrazo de toda una comunidad a su pastor con la presencia real de Dios vivo.

 

25 años de sacerdocio: una vida entregada al servicio de Dios y de su pueblo.

La parroquia entera quiso hacerle sentir cuánto significa su presencia entre nosotros. Cada mirada, cada palabra, cada gesto de cariño y cada oración fueron una manera de decirle: gracias por estos años compartidos, gracias por caminar a nuestro lado, gracias por formar parte de nuestras vidas.

También quisieron acompañarlo en este día tan señalado. sus queridos hermanos,  familiares y su Comunidad de Valencia, donde continúa viviendo su camino de fe.  Su presencia hizo todavía más entrañable una celebración en la que nuestro párroco, sorprendido y profundamente emocionado, recibió con especial cariño las muestras de admiración y afecto de quienes han compartido con él tantos momentos de su vida.

Y es que detrás de estos veinticinco años hay mucho más que una fecha. Hay una historia. Una historia tejida con innumerables historias personales. Historias de personas que han encontrado consuelo, acompañamiento, esperanza, fe y comunidad. Historias de familias, de niños, de jóvenes, de adultos y mayores; historias de quienes llegaron, de quienes se fueron, de quienes permanecieron y de quienes encontraron a través de Rafa, como cariñosamente le llamamos,  un hogar en nuestra amada Iglesia.

Hoy podemos mirar atrás y reconocer, con el corazón agradecido, todo lo que Dios ha ido construyendo entre nosotros.

¡Qué grande es el Señor!

Qué grande es Dios, que nos permite ser parte de esta historia. Una historia de amor, misericordia y fraternidad que ha ido creciendo también gracias a la apertura, la acogida y la cercanía de don Rafael hacia las distintas realidades que forman nuestra comunidad.

Bajo su mirada pastoral, tantos grupos, movimientos, apostolados y comunidades han encontrado un espacio para crecer, servir y poner sus dones al servicio de Dios y de los hermanos. Cada realidad, con su propia identidad y su particular camino, forma hoy parte de ese hermoso mosaico que es nuestra parroquia.

Celebrar las Bodas de Plata de don Rafael es, por tanto, celebrar también la vida de nuestra comunidad y dar gracias por todo aquello que el Señor ha hecho y sigue haciendo entre nosotros a gracias a su  ministerio sacerdotal ejercido con entrega y docilidad a las inspiraciones del Espíritu Santo.

 

Querido don Rafael: hoy queremos decirle, sencillamente, gracias.

Gracias por su sacerdocio.
Gracias por su entrega.
Gracias por su cercanía.
Gracias por su acogida.
Gracias por cada Eucaristía, cada oración, cada palabra de aliento y cada momento compartido.

Gracias por estos doce años caminando con nosotros y por habernos permitido caminar a su lado.

Que el Señor, que un día lo llamó a seguirle y lo consagró para el servicio de su Iglesia, siga sosteniendo sus pasos, renovando su alegría y llenando de frutos su ministerio.

Que María Santísima lo acompañe siempre y que el Espíritu Santo continúe guiando su corazón de pastor.

Hoy la Santísima Trinidad da gracias a Dios por usted, don Rafael.

Y lo hacemos con el corazón lleno de alegría y gratitud, pidiendo al Señor que nos conceda seguir compartiendo muchos años más de fe, fraternidad, servicio y esperanza.

¡Feliz 25.º aniversario sacerdotal, don Rafael!

Gracias por ser parte de nuestra historia. Y gracias a Dios por habernos permitido ser parte de la suya.

"Doy gracias a mi Dios cada vez que me acuerdo de vosotros, siempre en todas mis oraciones rogando con gozo por todos vosotros, por vuestra comunión en el evangelio, desde el primer día hasta ahora"
Filipenses 1:3-5