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Parroquia
Santísima Trinidad

CASTELLÓN

Diócesis de Segorbe-Castellón

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19 de Marzo de 2020
Fiesta de San José, esposo de la Virgen

Carta a todos los hermanos de la Parroquia de la Santísima Trinidad de Castellón

Queridos hermanos:

            La situación tan inaudita en que nos encontramos nos llama a reavivar nuestra fe (Ap 3, 2-3). “Permaneced en mí, como yo en vosotros” (Jn 15,4), dice el Señor. Nos entristece no poder reunirnos durante este tiempo en asamblea litúrgica pero que ello no sea motivo para que se enfríe nuestra intimidad con el Señor. Es necesario permanecer unidos a Él porque lejos de Él no podemos nada, lejos de Él somos como los sarmientos secos que no reciben la savia de la vid.

S. Pablo exhortaba así a los hermanos a un combate: “Por lo demás, fortaleceos en el Señor y en la fuerza de su poder. Revestíos de las armas de Dios para poder resistir a las asechanzas del Diablo. Porque nuestra lucha no es contra la carne y la sangre (…). ¡En pie!, pues; ceñida vuestra cintura con la Verdad y revestidos de la justicia como coraza, calzados los pies con el celo por el Evangelio de la paz, embrazando siempre el escudo de la Fe, para que podáis apagar con él todos los encendidos dardos del Maligno. Tomad, también, el yelmo de la salvación y la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios; siempre en oración y súplica, orando en toda ocasión en el Espíritu, velando juntos con perseverancia…” (Ap 6, 10-12a.14-18).

Os recordamos, por eso, queridos hermanos, los tesoros que hemos recibido como armas para el combate en el Camino de Iniciación Cristiana que todos seguimos: la escucha y el escrute de la Palabra de Dios, la oración del corazón, la liturgia de las horas, el rosario. Y en especial la comunión fraterna entre nosotros. No dejemos que nuestra caridad se enfríe (Mt 24, 12), ni que nuestra casa se quede vacía (Lc 11, 24-26) sino llena del Espíritu Santo. Somos el templo en el que Él quiere habitar.

Por eso, huyamos de quejas y murmuraciones que lo contristan; por el contrario, os invitamos al agradecimiento por todo lo que hemos recibido gratuitamente como una preparación providencial para momentos como éste; hagamos todo con acción de gracias al Padre: “Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres. Que vuestra bondad sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca. No os inquietéis por cosa alguna; antes bien, en toda ocasión, presentad a Dios vuestras peticiones, mediante la oración y la súplica, acompañadas de la acción de gracias. Y la paz de Dios, que supera todo conocimiento, custodiará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (Flp 4, 4-7).

A veces, no es fácil no inquietarse, pero el Espíritu Santo, el gran consolador, nos asiste cada día con su gracia y sus mociones interiores. Escuchémosle. Él nos ayudará a ser entrañables, a perdonarnos y excusarnos mutuamente (Ef 4, 32), a tratarnos como Dios nos trata a nosotros. Esto es especialmente importante para todos aquellos que vivís días en estrecho contacto familiar. Seamos pacientes con todos. Como dice el libro de los Proverbios, “el necio da salida a toda su pasión; el sabio la reprime y apacigua” (Prov 29,11).

Sobre todo, hermanos, no olvidemos que el Señor es Kyrios de la historia. Todo está en su mano y nada escapa de su poder. No caerá un cabello de nuestra cabeza sin que Dios lo sepa dice Jesús en el Evangelio. Él no permitirá que seamos probados más allá de nuestras fuerzas, mas con la prueba nos dará modo de salir victoriosos de ella (S. Pablo).

Somos un cuerpo, una comunión única aunque estemos separados, como un signo de salvación a la vista de todos. Somos el cuerpo de Cristo Resucitado en medio del mundo, con una misión en esta generación: ser luz, ya que somos “hijos de la luz e hijos del día”. Ayudemos, desde nuestra enorme pobreza, como ricos que somos en Cristo, a aquellos entre quienes Dios nos ha colocado. Con nuestra paciencia, fe, perseverancia, alegría, esperanza.

En especial os recordamos que recéis por todos los que están muriendo y por los enfermos que sufren en la soledad de su agonía, para que Dios, por los caminos que sólo Él conoce, los acoja en el gozo de su Reino.

Dios nos da un tiempo especial de conversión interior a través de este acontecimiento y de preparación expectante a la Pascua. ¡Cristo ha Resucitado!

Os queremos y os recordamos permanentemente en nuestras oraciones.

Vuestro párroco Rafael Manzaneque

“La fe está viva cuando se comparte”
Papa Francisco
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